Llevo dándole vueltas mucho tiempo. Cada vez que vamos al supermercado, pagamos un recargo brutal por la publicidad de todo lo que se anuncia, que son la mayor parte de los productos. Para un rico no es problema, pero para un pobre es un desembolso enorme, para compensar la “gratuidad” de unos cuantos productos sustentados por anuncios. Se parece mucho a cuando el gobierno aumenta los impuestos indirectos para recaudar más, y ello repercute especialmente en las clases humildes.

Pienso que deberíamos concienciarnos de esto y ser más indulgentes con la financiación directa de productos y servicios, desde un móvil hasta un sindicato. Sólo así podremos evitar las originales (y en ocasiones fraudulentas y opacas) formas de financiación actuales de tales bienes, actividades y organismos.

Hay que entender que nada es gratis en esta vida excepto quizás el amor de unos padres, y que si algo nos ofrecen a cambio de nada debería parecernos sospechoso como poco.

Lo que debe cambiar es la actitud de todos frente a esto. No podemos esperar que sean los anunciantes o quienes se mantienen de anuncios quienes den el paso.

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